... esa es una manera neurológica de definir la magia; aprender a trabajar con los hemisferios en beneficio de algo que quieres lograr. Para esto aprendes a decir, a escuchar, a sentir, a soñar.
-¿A soñar?
-Aprender a generar la realidad soñando es algo que ni se nos ocurre a los occidentales. Pero en las culturas iniciáticas, los sueños son el generador de realidad más importante. Si logras soñar lo que quieres, si manifiestas lo que quieres en el estado sutil de los sueños, la realidad densa responde. Para esto hay diferentes vías; los incas proponen plantas maestras, los zen proponen mantras, los taoístas proponen experiencias de insight directo con la realidad...Los alquimistas tienen una vía dura y otra blanda; en la dura ingieres sustancias para llegar a un estado de consciencia superior y la blanda es lograr una transformación interna sin sustancias. Cada cultura por distintas vías te da las herramientas para que vayas hacia un estado de consciencia superior en que descubres que desde lo sutil, la realidad densa cambia. Si la realidad densa no cambia tienes que ver dónde estas dando a lo sutil la misma indicación para que vuelva a hacer lo mismo. Así empieza un juego en que cada vez te das más cuenta de que tú te encuentras en el centro de tu realidad. Eso sí, no puedes alterar la realidad del de al lado, así como él tampoco puede alterar la tuya.
De modo que la vida se torna burbujeante, porque a la vuelta de cualquier esquina puede estar la casualidad. Para las culturas iniciáticas, la vida tiene que ser una burbuja: algo que se eleva porque va montado en lo sutil. Todo lo denso de alrededor no logra elevarse; sólo se eleva lo que está montado en lo sutil, la burbuja.


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