miércoles, 25 de marzo de 2015

Escuchar al cuerpo



Es algo común, en los tiempos en los que vivimos, pasar de una actividad a otra con rapidez, ocupadas en el trabajo, la casa, la familia, los amigos, las actividades... casi sin tener tiempo de pensarlo... Prestamos atención a muchas cosas, y al último al que le prestamos atención es a nuestro cuerpo. Entonces, aparecen dolores, ansiedad o sencillamente una sensación de cansancio continuada que no nos deja sentirnos bien...

Se trata de nuestro cuerpo haciéndonos una llamada de atención, nos pide que paremos un momento y le escuchemos. Un dolor, una molestia, un malestar...no es otra cosa que nuestro cuerpo reclamándonos atención, pidiéndonos ayuda para que hagamos lo que nos pide, como  bien podría ser descansar, cambiar algún hábito, eliminar de nuestras vidas elementos que nos resultan dañinos...

Nuestro cuerpo es muy sabio, y sabe mejor que nadie qué es lo que necesitamos y qué es lo que nos hace felices. Es nuestra responsabilidad detenernos y escuchar lo que nos quiere decir, a veces sólo pide un poco de silencio, o un espacio para salir a caminar. A veces nos pide un abrazo, o hacer algo que le emocione y le haga sentir bien. Quizá leer, escribir, cantar, tener una charla con alguien especial, hacer algo artístico o una actividad física... Nuestro cuerpo sabe en todo momento lo que quiere y lo que es mejor para su salud.

En general, a todos nos sienta bien, hacer ejercicio y mover el cuerpo, así podemos expresarnos, y soltar tensiones, elevar nuestro nivel de energía, el ritmo cardiovascular... Aquí, también nuestro cuerpo tiene algo que decir: quizá en un periodo de nuestra vida tenemos un exceso de energía acumulada que necesitamos descargar y nos apetece hacer un ejercicio dinámico y aeróbico, que nos haga sudar y desahogarnos. En otras ocasiones quizá necesitemos todo lo contrario: una actividad más tranquila, más lenta, que nos ayude a concentrarnos, a tomar conciencia de nuestras posturas y acercarnos a una actividad más meditativa, como podría ser el yoga.





Algo que sienta muy bien al cuerpo femenino (y cuando digo femenino no lo hago de manera excluyente, sino, hablando desde mi experiencia femenina) es bailar. También en este caso, nuestro cuerpo sabe elegir cuál es el tipo de danza con la cual expresarse. Y es que bailar, a parte de ser una actividad física muy beneficiosa para la salud, nos aporta una energía de alegría, de libertad y diversión que nos conecta con una emoción esencial y atávica como seres humanos, nos conecta con algo profundo de nuestra naturaleza y nos hace sentir UNO con nuestro entorno.


(www.fotolog.com)


Y aunque aprender danzas y técnicas, es algo muy enriquecedor, me gustaría también resaltar la importancia de la danza libre, es decir, el permitirse un espacio para dejar que el cuerpo se mueva al son de la música sin ser gobernado por la mente, sino abrirse, dejarlo fluir, permitir que la creatividad que nace de nuestro interior se exprese, más allá de los juicios de si es bonito o feo, o si el movimiento está hecho correctamente o no. Nada de eso. Sentir la música, sentir la respiración y dejar que el cuerpo baile, explique, muestre... Nuestro cuerpo es tan sabio que en su movimiento libre sabe como sanar sus desequilibrios, cómo recuperar su armonía de manera natural. Sólo hay que dejarlo, permitirle... ¡Dejar que recupere su fuerza, su poder, su pasión!





Y es que nuestro cuerpo, es nuestro Templo. Merece ser Amado, Mimado, Respetado... y por eso merece que le ofrezcamos un espacio para que se exprese y se libere y se pueda mostrar tal como es: 

Bello

 como Bellos son todos los cuerpos que se sienten Amados
Y nosotras, precisamente nosotras, somos las primeras que debemos Amarnos!



¡Nosotras somos las guardianas del Amor, la Sabiduría y la Belleza que vive en nuestro interior y es 
un honor cuidarlo, nutrirlo y liberarlo!

A la única persona a la que jamás debes dejar de Amar es a ti misma, así serás Fuente de Amor para todo y todos. 







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